Retrocedí un paso, otro paso y otro más. Al regresar a casa, subí las escaleras rápidamente. Como mi mamá seguía en la sala, fingí huir de ella, pero en realidad fue para ocultar las lágrimas rebeldes que descendían por mis mejillas, a pesar de que traté de detenerlas.Cerré la puerta de la habitación detrás de mi espalda. Mi corazón pareció quedar en el pasillo, deseoso de ir detrás de los ilusos recuerdos desechados.Tomé asiento frente al escritorio, alargué la mano a mi celular y marqué el número de Zoe. Contestó casi al instante.—¡Ayling, amiga! —esa era la Zoe que conocía. Siempre fresca y energética.—Hace tiempo no te escuchaba así —confesé, recargándome en mi asiento—. ¿Qué andas haciendo?Esbozó una risita pícara antes de contestar.—Estoy con Ryan —susurró, conteniendo el entusiasmo, como si no quisiera que él supiera que hablaba de él—. Vino a mi casa desde esta mañana con el pretexto de necesitar ayuda con una tarea, y no se ha ido —soltó una risa igual de contenida—. Ta
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