—Para nada, amiga —chilló, carcajeando—. Cada quien tiene una debilidad. Se relamió los labios, regresándose al lavamanos donde estuvo apoyada, esta vez para lavarse la cara. —Y yo que pensé que el afortunado era mister Clé de Peau.—Dios me libre —murmuré, girando al lavamanos para copiar su acción—. Pero no me has dicho nada, amiga, ¿qué se supone que haga? Siempre tienes una respuesta a todo, ayúdame. Se sostuvo de ambas manos y giró a mi dirección. No se apresuró a hablar, me observó como si buscara ver qué tan de acuerdo estaría con la respuesta que me daría. Yo aguardé expectante, y algo nerviosa; Vayo era empática, sí, pero también era la persona más sincera que había conocido. —Haz lo mismo que estás haciendo ahora —me dijo—. Elígete primero. Entrecerré la mirada, un poco confundida.—¿Me rindo antes de luchar? —interrogué en voz baja, no muy segura de lo que decía—. ¿Solo lo supero por el bien de su felicidad?Soltó un largo suspiro como si se vaciara los pulmones, y tom
Ler mais