El hospital de la Manada de Hierro estaba concurrido esa mañana. Había otras embarazadas en la manada, eso hizo que en algún lugar del corazón de Lysandra, ella no sintiera tanto miedo. De todos modos había silencio, no de calma, sino uno expectante, cargado de atención. Los pasillos olían a hierbas medicinales y desinfectante, una mezcla que a Lysandra siempre le había resultado extrañamente tranquilizadora… hasta ese día… Ansiaba volver a ayudar a los que pudiera en algún lugar de sanación… como ese hospital.Estaba sentada en la camilla, con las manos entrelazadas sobre el vientre, para ser un bebé sobrenatural, ya empezaba a notarse...algo que inquietaba un poco a la mate del alfa. Kael permanecía a su lado, de pie, inmóvil como una estatua, aunque su lobo estaba alerta, inquieto. El doctor Gregori revisaba unos papeles con el ceño levemente fruncido, concentrado.—Bien, Luna —dijo finalmente—. Vamos a hacer una ecografía. Es pronto todavía, pero quiero comprobar cómo va todo... T
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