La música suave flotaba sobre el jardín iluminado cuando los antiguos pidieron silencio. Las conversaciones se apagaron de a poco, como si la manada entera contuviera el aliento. Las antorchas ardían altas, el aire olía a flores nocturnas y a vino caro. Todo estaba dispuesto para el momento que definiría el futuro de la Manada de Hierro.
Kael Vyron avanzó un paso, erguido, imponente. No necesitaba imponerse: su sola presencia bastaba. Lysandra permanecía a su lado, con una mano apoyada suavemen