La habitación más segura de la mansión Berg ya no era el arsenal subterráneo, ni el búnker refrigerado donde Elena guardaba los servidores de la manada. Ahora, el corazón de la fortaleza era la "Guardería de Cristal".El zumbido constante de los generadores llenaba el aire, mezclado con el pitido rítmico de los monitores cardíacos. Elena, todavía pálida y con ojeras violáceas bajo los ojos, ajustó la manta sobre sus piernas mientras maniobraba su silla de ruedas unos centímetros más cerca. Sus ojos se llenaron de lágrimas al observar las tres cápsulas que brillaban en el centro de la sala bajo una luz aséptica.No eran incubadoras médicas estándar. Eran sarcófagos de tecnología y magia; una aleación de titanio y cristal reforzado, grabados con runas de protección que brillaban tenuemente.Dentro, descansaban los tres milagros. O las tres catástrofes, dependiendo de a quién se le preguntara.—Esto es una locura, Mikael —murmuró Rose, pasándose una mano por el cabello revuelto mientras
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