Faltaban dos horas para la Gala de Invierno. En el ático de Helsinki BioTech, el aire no vibraba con anticipación festiva, sino con una violencia contenida que estaba a punto de estallar.Ingrid estaba reclinada sobre el inmenso escritorio de cristal templado de Julian. Su vestido de gala, una pieza de seda esmeralda de valor incalculable, estaba arremangado bruscamente hasta su cintura, acumulándose como un trapo olvidado. Sus piernas, largas y pálidas, rodeaban la cintura de Julian con una fuerza que habría asfixiado a un hombre normal, pero Julian ni se inmutó.Él no la estaba haciendo el amor. Ni siquiera la estaba tocando con deseo. La estaba usando.Julian la penetraba con embestidas secas, profundas y casi castigadoras. No había ritmo de seducción, solo la cadencia técnica de un pistón. Una mano de Julian estaba aferrada a la nuca de Ingrid, sus dedos enredados dolorosamente en su cabello rubio, forzando su cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta. La otra mano la mantenía cl
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