Eduardo, por costumbre, revisó el movimiento del auto de su hermana al tomar la autopista y el de su madre cambiar de rumbo a las granjas cercanas. Sin dar explicaciones a Leandro, salió de inmediato, subió a la vieja camioneta y se dirigió detrás del auto de su madre. Iba tan concentrado en el GPS del celular que no pudo frenar o desviar frente a un corte en la vía. La velocidad hizo que diera una vuelta recibiendo un golpe en la espalda; por un momento no sintió nada, se quedó desvanecido y, cuando abrió los ojos de nuevo, escuchó el escape de la gasolina en el piso. Abrió la puerta torcida con dificultad; no podía mover las piernas y, al salir, su determinación lo hizo arrastrarse lo más rápido que pudo. El auto provocó un estallido ensordecedor que le volvió a quitar la conciencia.El humo gris y el aroma a gasolina y caucho se extendió por el valle. Wendy se estremeció desde la cama y abrazó su vientre con una presión en el pecho que le impedía respirar. Serena, que se detuvo a
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