Aquella noche, ya cansados, se fueron a dormir. Fabián y Belén abrazaron a sus hijas y se acomodaron algo apretados en la cama de tres plazas que apartaron para ellos. Ismael y Serena tomaron una pequeña en el desván, mientras dejaron a Leandro una de las alcobas principales. Eduardo se acomodó en el sofá del despacho, mientras Wendy se quitó el vestido, se puso un terno deportivo, se quitó el anillo de bodas, los aretes y el collar, y los colocó junto al celular sobre el tocador.Tomó a su hija y salió sin hacer ruido. No podía controlar sus lágrimas, pero lo último que vio terminó por asfixiarla; sentía que en cualquier momento Eduardo se transformaría en Héctor y no estaba dispuesta a vivir otro desplante.No hubo cartas, direcciones, ni ganas de reclamar nada; simplemente salió caminando, empujando la carriola que Belén llevó para sus hijas, y se perdió en la oscuridad de la noche.Eduardo sintió frío; fue a buscar una manta y, al no encontrar una, se dirigió a la recámara. E
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