Mateo abrazó con fuerza a Isadora mientras la besaba. Introdujo su lengua para darle más profundidad al beso y ella se estremeció. Luego se inclinó hasta que su boca alcanzó su pezón y lo succionó como si fuera el mejor dulce que había probado en su vida. Fue tan delicado que la hizo arquear la espalda de placer, Isadora sintió un hormigueo por todo el cuerpo.—Ah… El calor de su boca se extendía por cada parte de su piel. Era una sensación extraña, pero excitante. Las cosquillas solo aumentaban. —¿Te gusta? —preguntó, al verla retorcerse. —Sí… —jadeó. Mateo se separó y la miró con una sonrisa pícara. —¿Qué pasa? —Ahora verás. Lo siguiente que hizo fue quitarse el pantalón y dejar a Isadora con la boca abierta. La primera vez que lo vio desnudo fue por accidente, y tenía el miembro dormido. Pero esta vez… ese pequeño monstruo estaba despierto. Muy despierto. Se le marcaban las venas y la punta parecía agrandarse cada vez más. ¿Era normal? —E-eso es… —Tragó saliva. Isadora
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