—¡Amo esta heladería! Venir una vez a la semana para descansar es todo un sueño hecho realidad! —Karina se llevó una cuchara de helado de vainilla a la boca. Estaba muy contenta, porque desde que se mudó con Isadora y comenzó a ayudarla como su asistente, podía permitirse los helados más caros de su heladería favorita. —Comer demasiado dulce podría hacerle mal a tus dientes, ¿sabías? —le dijo Gustavo. —¡No seas aguafiestas, Gustavo! —se quejó. —¿Y ustedes están saliendo? —cuestionó Mateo, viendo que esos dos se llevaban muy bien. Isadora rio. Gustavo había sido asignado como el guardaespaldas de Isadora, por lo tanto, iba con ella para todos lados sin importar qué. —¿Saliendo? —Karina abrió los ojos. Ella miró a Gustavo con una atención que nunca antes le había dedicado. Sus ojos recorrieron cada facción de su rostro, detalló la línea firme de su mandíbula, la curva de sus labios, y sus ojos color miel. Era, sin duda, bastante guapo. Él se había convertido en un buen amigo,
Leer más