Isadora rodeó el cuello de Mateo con sus brazos y sintió un calor punzante en todo su cuerpo.Mateo se inclinó sobre ella y con suavidad, comenzó a recorrer su cuello con besos húmedos y delicados, cada uno la hizo estremecer. —Isadora… —susurró. —¿Q-qué? —se sobresaltó, asustada—. No hables en momentos así, me da mucha vergüenza. Isadora no sabía dónde esconderse. Mateo se incorporó en la cama y abrió los ojos al descubrir a Isadora visiblemente nerviosa, con el rostro encendido y los ojos entrecerrados. Ella intentó cubrirse las mejillas con las manos, avergonzada y queriendo ser tragada por la tierra, pero él se las apartó con suavidad, negándose a dejar que ocultara esa expresión que tanto le encantaba. —¿No confías en mí? —¡C-claro que confío en ti! ¿A qué viene esa pregunta? —refutó, entre tartamudeos. —Te ves adorable, Isadora —murmuró, con una expresión tan sensual que la hizo tragar saliva—. Tan dispuesta para mí. Es… algo que me vuelve loco, si soy sincero. Mateo
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