Unas semanas después de los intensos eventos que casi acabaron con la vida de Isadora, ella había regresado a casa. Sin embargo, el descanso fue breve porque su ausencia prolongada había provocado un efecto dominó en la empresa, acumulando una montaña de documentos, contratos y estados financieros que requerían su firma y sobre todo, su revisión. Andrea Moreau se encontraba con su hija en la oficina de la mansión, rodeada de carpetas, tratando de ayudarla.—Lo lamento mucho, cariño —dijo, con cansancio, mientras le pasaba un informe—. Hice todo lo que pude para no dejarte tanto trabajo acumulado cuando volvieras, pero hay decisiones que solo tú, como cabeza de estos proyectos, puedes tomar. Siento que te estoy recibiendo muy mal...Isadora le dedicó una sonrisa, acomodando las carpetas que estaban sobre la mesa.—No te preocupes, mamá. Puedo con todo esto y mucho más. Estar fuera me dio los ánimos que necesitaba, y ahora mismo siento que tengo la energía de diez personas después d
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