Isadora tragó saliva. —Eres muy diferente a tu hermano, de verdad —murmuró—. ¿Cómo no se me ocurrió antes hacer que firmara un contrato? —Se mordió una uña. —¿Un contrato con mi hermano? ¿Es que todavía no lo superas? —Frunció el ceño. —¡Han pasado unos días desde lo ocurrido en el comedor! Mi pobre corazón todavía sufre, ¿sabes? —dijo, con tono dramático—. Pero eso a ti no te importa mucho, por lo que veo.Mateo rio. —Qué dramático eres, Isadora —se mofó, con una mano en la cintura—. Veo que has aprendido del mejor. —¿Y ese quién es? No lo conozco —bromeó. —Sí, sí, hazte la loca cuando se trata de mí. Isadora desvió la mirada. Últimamente había visto y hablado demasiadas veces con Mateo, cosa que jamás creyó posible. Al principio, pensó que era una simple cortesía suya. Luego, interés. Pero cada vez se volvían más cercanos y eso la asustaba. Mateo no era parte de su mundo, así como Anthony tampoco lo fue. No quería volver a pasar por lo mismo al confiar en un Delacroix, sin e
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