Isadora no pudo contener las lágrimas. Se le escaparon sin permiso. Se cubrió el rostro con las manos, tratando de ahogar el sollozo que le subió por la garganta.
Mateo era tan lindo con ella y siempre la miraba como si no fuera una simple sirvienta que recibía órdenes.
Lo peor era que creía en ella cuando nadie más lo hacía. Sobre todo, cuando hasta ella misma dudaba de su lugar en el mundo.
«¿Por qué no me fijé en él antes?» pensó.
«¿Por qué tuvo que ser Anthony?»
—Si resulto ser una More