Mateo caminaba por los pasillos de la mansión buscando a Isadora. Al cruzar una esquina, se topó con su padre, Jean.
—¿A quién buscas con tanta prisa? —preguntó Jean, con una voz pausada.
—A nadie importante, padre —respondió con una mentira.
—Mateo, tú también deberías casarte pronto y dejar de estar obsesionado con tu hermano —le sugirió.
Mateo abrió los ojos como platos, incrédulo.
—¿Casarme? ¿Estás bromeando?
—No bromeo.
—¿Desde cuándo eso es importante? —Frunció el ceño.
—Me encantar