Mía y Julián se encontraron en el pasillo de los baños, furiosos.—Esto tiene que parar, Julián —dijo Mía, ajustándose la máscara—. No podemos dar un paso sin que esos dos aparezcan como personajes de una película de terror.—Tengo un plan —dijo Julián, con una chispa de malicia en los ojos—. Si ellos quieren jugar a los espías, les daremos un caso que no puedan resolver.Julián se acercó a Mía y, esta vez, se aseguró de que no hubiera nadie cerca... o eso creía. Missiu Leguau, sentada sobre una estatua de mármol con su propio antifaz minúsculo, observaba la escena.—Mañana —susurró Julián—, les haremos creer que vamos a escaparnos a París. Reservaré dos vuelos falsos a mi nombre y al tuyo. Mientras ellos corren al aeropuerto, nosotros nos quedaremos aquí, en la mansión, que estará vacía.—Es brillante, Sterling —admitió Mía—. Por primera vez, tu cerebro de arquitecto ha diseñado algo útil.Pero lo que no sabían es que Oliver había instalado un sistema de rastreo en el collar de Missi
Leer más