En el pasillo, Paz y Oliver estaban apostados como dos espías de película de bajo presupuesto. Habían visto a Julián cerrar la puerta y a Mía entrar cinco minutos antes.
—¿Viste eso, Thorne? —susurró Paz, ocultándose detrás de una armadura decorativa—. Esa no es la cara de "estamos discutiendo el presupuesto" que tiene Mía. Está demasiado... peinada.
—Coincido, Valente —respondió Oliver, ajustándose los puños de la camisa—. El lenguaje corporal de Julián ha pasado de "arquitecto arrogante" a "a