Al día siguiente, la mansión estaba decorada con flores blancas y un catering de cinco estrellas. Mía llevaba un vestido diseñado por ella misma: una obra de arte que dejaba muy poco a la imaginación de Julián y mucho trabajo para su autocontrol.
—¿Listo para tu sentencia de muerte, arquitecto? —susurró Mía mientras bajaban las escaleras frente a los fotógrafos de la prensa social.
—Si la sentencia eres tú, Mía, acepto la cadena perpetua —respondió Julián, dándole un beso en la mano que hizo qu