Para abrir el baile, Julián tenía que bailar el vals con Mía. El problema era que Julián, a pesar de su precisión arquitectónica, tenía dos pies izquierdos para el ritmo.—Solo sigue mi cuenta, Sterling —susurró Mía, mientras empezaban a girar.—Uno, dos... ¡ay! —Julián pisó el bajo del vestido de Mía. Intentó recuperarse, pero al dar la vuelta, terminó pisando con fuerza el pie de la abuela Juliette, que pasaba por allí.—¡Por los planos de Miguel Ángel, Julián! —gritó Juliette, saltando sobre un pie—. ¡Me has fracturado el metatarso!—¡Lo siento, abuela! —exclamó Julián, rojo de la vergüenza—. El suelo tiene una inclinación que no calculé...—No es el suelo, es tu falta de coordinación —rio Leo, mientras Oliver intentaba guiar a Paz con una rigidez tal que parecían dos figuras de un reloj de cuco. El baile terminó siendo una comedia de tropezones y risas, con Missiu Leguau persiguiendo los bajos de los vestidos de las invitadas.Ethan se acercó a la mesa de bebidas, donde Alice inte
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