La cena de fondue transcurría en una paz sospechosa. Paz y Oliver estaban en medio de un debate sobre si el vino blanco era mejor que el tinto para el queso (Paz ganó por volumen de gritos), cuando la puerta principal del chalet se abrió con un estruendo.
Acompañada de una ráfaga de viento gélido, apareció Bianca. Llevaba un abrigo de piel blanca tan grande que parecía un yeti de pasarela, y arrastraba una maleta pequeña.
—¡Julián! ¡Gracias a Dios los encuentro! —sollozó Bianca con un dramatism