La cena del personal comenzó a las siete en punto.
Desde mi mesa en la esquina de la cafetería, observé cómo los guardias del turno nocturno llenaban sus bandejas con el estofado que Rosa había preparado esa tarde. Carne, papas, zanahorias. Un plato reconfortante para una noche fría.
Un plato envenenado.
No era veneno letal. Rosa había sido clara al respecto. Una combinación de laxantes industriales y un compuesto que provocaba náuseas violentas. Suficiente para incapacitar a cualquiera durante