El tiempo se detuvo.
No de forma metafórica, sino literal. El dardo que volaba hacia mi pecho pareció congelarse en el aire, y durante un fragmento de segundo que duró una eternidad, pude ver cada detalle: la aguja brillante en la punta, el líquido amarillento dentro del cilindro, las gotas de condensación en el metal.
Y luego me moví.
No conscientemente. Mi cuerpo actuó por instinto, contorsionándose de una forma que no debería ser posible, esquivando el dardo por milímetros mientras mi mano i