Él la dejó en el suelo con cuidado, y Meredith gateó hasta el piano, apoyándose en el banco para intentar ponerse de pie. Liam la siguió de inmediato, como si no soportara verla lejos ni siquiera unos segundos. Volvió a tomarla en brazos y se sentó frente al instrumento.—¿También te gusta el piano, princesita? —preguntó, besándole el cabello—. ¿Sabías que a tu abuela y a tu papá les encanta el piano?La empleada, todavía con los ojos empañados, se acercó un poco.—Le encanta, señor… —dijo con cuidado, apretando las manos frente a su cuerpo—. La señora Olivia dice todos los días que salió a usted y a doña Meredith.Liam levantó los ojos despacio.La sonrisa desapareció.La armadura empezó a regresar.—¿Cómo? —preguntó en voz baja, y aquella ya no era la voz del padre conmovido. Era la de Liam Holt.La enfermera respiró hondo, nerviosa.—La señora Olivia le muestra videos, audios y fotos de usted… —explicó, eligiendo cada palabra—. El señor Fabricio le envió muchas cosas.La mirada de
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