Al otro lado de la habitación, la enfermera terminaba de cambiarle el pañal a Meredith. Cuando vio a Olivia en aquel estado, sintió que el corazón se le encogía.
—Olivia, perdóname... —La voz salió cargada de culpa mientras cerraba el pañal de la bebé. Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Intenté avisarte, pero él no me lo permitió.
Olivia soltó una risa amarga entre lágrimas. Apoyó la cabeza contra la puerta detrás de ella y cerró los ojos por un instante.
—No tienes que disculparte. —La voz le