Liam volvió a concentrarse en los documentos.
—O hablas con ella... —continuó con calma mientras pasaba una página— ...o sigues quejándote. Las dos cosas al mismo tiempo no solucionan nada.
—Odio cuando tienes razón. —murmuró Alex mientras se pasaba una mano por la barba y se recostaba en la silla con expresión resignada.
—Entonces deja de preguntarme. —respondió Liam sin siquiera levantar la vista de los documentos mientras pasaba otra página de la carpeta.
Alex empezó a reír.
De verdad.
—Dios