Él la dejó en el suelo con cuidado, y Meredith gateó hasta el piano, apoyándose en el banco para intentar ponerse de pie. Liam la siguió de inmediato, como si no soportara verla lejos ni siquiera unos segundos. Volvió a tomarla en brazos y se sentó frente al instrumento.
—¿También te gusta el piano, princesita? —preguntó, besándole el cabello—. ¿Sabías que a tu abuela y a tu papá les encanta el piano?
La empleada, todavía con los ojos empañados, se acercó un poco.
—Le encanta, señor… —dijo con