La luz suave de la mañana se filtraba a través de las cortinas claras del dormitorio, derramando un brillo cálido por toda la habitación. El silencio de la terraza era reconfortante, interrumpido solo por el leve rumor de la ciudad que empezaba a despertar allá abajo.La puerta se abrió despacio. Isis entró con cuidado, equilibrando una bandeja de desayuno en las manos. A su lado, caminando con ese paso elegante y curioso, venía Duck, el perro, que parecía saber ya que aquel momento era especial.En la bandeja humeaba el café, había zumo de naranja recién exprimido, frutas cortadas, panes aún calientes y un pequeño plato con huevos revueltos y beicon. Todo preparado con esmero.Duck fue el primero en acercarse a la cama, olfateando el aire. Isis cerró la puerta con el pie y se aproximó despacio.Alex seguía dormido profundamente. Estaba de lado, con el brazo doblado bajo la almohada, el pelo un poco revuelto. La expresión relajada le hacía parecer más joven, casi despreocupado. Algo p
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