El departamento de Marcos era exactamente lo que Isadora había imaginado y a la vez completamente diferente.Esperaba algo espartano, funcional, el refugio de un hombre que había pasado veinticinco años escondiéndose del mundo. En cambio, encontró paredes cubiertas de fotografías, docenas de ellas, todas del mismo rostro: una mujer de ojos oscuros y sonrisa gentil que se repetía en diferentes edades, diferentes contextos, diferentes momentos de una vida interrumpida demasiado pronto.Lucía Sandoval. La hermana de su padre. La madre de Marcos. El fantasma que había protegido a Isadora desde las sombras sin que ella lo supiera.—Nunca hablamos de ella —dijo Marcos desde la cocina, donde preparaba café con movimientos que delataban nervios mal disimulados—. No realmente. Te conté que murió dos años después del incendio, que yo sobreviví. Pero nunca te conté toda la verdad sobre cómo murió. Ni sobre quién la mató.Dante permanecía de pie junto a la ventana, su presencia silenciosa un reco
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