El festival era en Berlín.Sofía llevaba semanas sin dormir bien. No por Lucía, que era problema de otros turnos, sino por el montaje final, por la música, por el orden de los testimonios, por la pregunta que se hacen todos los documentalistas antes de un estreno: ¿es suficientemente honesto o solo suficientemente bueno?Isadora llegó en el vuelo de la mañana con Lucía en el portabebés y Dante un paso atrás, cargando la bolsa con eficiencia de alguien que acepta que la mitad de su equipaje ahora son pañales.El teatro era mediano, capacidad para trescientas personas.Lleno.Periodistas especializados, distribuidores, representantes de organizaciones de derechos humanos, académicos, y un grupo de cuarenta personas que habían llegado desde distintos países de Latinoamérica porque alguien les había avisado que esta película hablaba de ellos también.Sofía estaba en el lobby cuando llegaron.Llevaba un vestido negro simple. El cabello recogido. Sin los auriculares habituales. Se veía dife
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