Narrado por Liam Donovan El aire en la habitación de la clínica se había vuelto denso, cargado con una tensión que no era producto del peligro, sino de algo mucho más difícil de combatir: la voluntad inquebrantable de Mia Blackwood. Me quedé allí, con la frente apoyada contra la suya, sintiendo el calor de su piel y el perfume que empezaba a reclamar su lugar sobre el olor a hospital. Mi cuerpo, magullado y dolorido, pedía a gritos el contacto que solo ella podía darme para sentir que la batalla había terminado de verdad. Pero cuando intenté acortar los últimos milímetros para sellar mi promesa con un beso, Mia se apartó. No fue un movimiento brusco, sino una retirada lenta y deliberada. Sus manos, que hace un segundo acariciaban mi cabello, se deslizaron hacia mis hombros, manteniéndome a una distancia de seguridad que se sentía como un muro de hormigón. —Ni lo pienses, Donovan —dijo, con una so
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