—Él estaba intentando provocarte a ti —me corrigió ella, acercándose tanto que podía oler su perfume suave mezclado con el antiséptico—. Julian sabía perfectamente que yo nunca me acostaría con él. En todas esas noches de fiesta, en todos esos momentos de neblina, él lo intentó mil veces. ¿Y sabes por qué nunca pasó de un beso en el cuello o una mano en el muslo?
Me quedé en silencio, con los músculos tensos.
—Porque incluso cu