Narrado por Liam Donovan
El café de la oficina sabía a ceniza y la luz de los monitores me taladraba las sienes. No había dormido más de dos horas. Cada vez que cerraba los ojos, el azul eléctrico de ese uniforme de porrista y el nombre "DONOVAN" bordado sobre las curvas de Mia aparecían como una alucinación persistente. El sobre con las fotografías estaba ahora bajo llave en la caja fuerte de mi escritorio, pero el impacto visual era un virus q