Capítulo 39: Balas de plataEl Hotel Plaza era un edificio antiguo con moqueta roja y pasillos largos. A las once y media de la noche, debería haber estado en silencio. Sin embargo, cuando Damián cruzó las puertas giratorias del vestíbulo, notó algo extraño.El recepcionista no estaba en su puesto. El teléfono de la recepción estaba descolgado, colgando del cable y emitiendo un tono monótono.Damián sacó la pistola que llevaba oculta en la parte trasera de su pantalón. Le pesaba en la mano. No la había usado desde hacía años, cuando tuvo que defender un cargamento de acero de unos ladrones en los muelles. Esperaba no haber olvidado cómo usarla.No tomó el ascensor. El ruido del motor alertaría a cualquiera que estuviera arriba. Subió por las escaleras de servicio, saltando los escalones de dos en dos.Tercer piso. Habitación 305.Al abrir la puerta de la escalera, escuchó un ruido sordo. Como un cuerpo cayendo contra el suelo. Luego, el sonido inconfundible de un silenciador. Pftt. Pf
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