Capítulo 37: Código Rojo
El ambiente en el ático había cambiado radicalmente. Lo que antes era un centro de operaciones lleno de risas y cajas de pizza, ahora parecía un submarino a punto de hundirse.
Leo Castillo tecleaba a una velocidad inhumana, con el sudor pegándole la camiseta a la espalda. Los monitores mostraban líneas de código rojo que avanzaban como una infección.
—No puedo detenerlo —dijo Leo con voz estrangulada—. El firewall ha caído. Están dentro del sistema de navegación.
Damián