Capítulo 45: Juguetes de maderaLa vuelta al ático no fue como las otras veces. Damián conducía tan despacio que los coches de atrás le pitaban. Evitaba cada bache de la carretera como si llevara una bomba nuclear en el asiento del copiloto.Elena se reía bajito, mirando por la ventana.—Damián, estoy embarazada, no enferma. No me voy a romper si pasas de cuarenta kilómetros por hora.—No me arriesgo —dijo él, muy serio, con las dos manos apretando el volante—. A partir de hoy, nada de correr. Nada de saltar. Y nada de pelear con mafiosos en puertos oscuros.—Qué aburrido —bromeó ella, tocándole el brazo—. Pero me gusta que me cuides.Cuando llegaron al edificio, Damián no dejó que Elena cargara ni su bolso. Subieron al ático.El equipo estaba esperándolos. Habían limpiado las cajas de pizza y habían puesto flores frescas en la mesa. Lucas había colgado un cartel mal hecho que decía: "¡Felicidades, Papá y Mamá!".Al entrar, todos aplaudieron. Leo corrió a abrazar a Damián, pero se det
Leer más