Capítulo 38: La Viuda Negra
El ático, antes símbolo de su victoria compartida, ahora se sentía como una tumba de cristal. Damián llevaba horas sentado en el mismo sillón, con la camisa desabrochada y una botella de whisky en la mesa que ni siquiera había abierto.
No podía beber. Necesitaba estar sobrio para leer lo que acababa de llegar a su correo encriptado.
El detective de la Agencia Blackwood había sido rápido. Demasiado rápido. Lo cual confirmaba que la historia de Elena no era un secreto