Capítulo 33: La marea naranja
El puerto sur de la ciudad se convirtió esa noche en un hervidero de actividad. No había descanso. Bajo la luz de potentes focos halógenos, cientos de operarios trabajaban a un ritmo frenético.
Damián caminaba entre las filas de vehículos. El gris mate de las furgonetas Sterling estaba desapareciendo, cubierto por láminas de vinilo de un color naranja neón brillante.
—Es agresivo —comentó Elena, caminando a su lado con un casco de obra—. Se verá desde kilómetros.
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