Capítulo 9: Territorio hostilEl lunes por la mañana, el puerto de la ciudad era un caos de ruido, grúas gigantes y olor a sal y gasolina.El coche de Damián se detuvo frente a la oficina principal, un edificio viejo y descuidado con las ventanas sucias.—¿Estás segura de esto? —preguntó Damián, apagando el motor—. El gerente de aquí, Morales, es un tipo difícil. Es de la vieja escuela y no le gusta recibir órdenes. Menos de una mujer.Elena se desabrochó el cinturón de seguridad. Hoy no llevaba vestidos de gala. Llevaba pantalones negros, una camisa blanca remangada y botas cómodas. Estaba lista para trabajar, no para posar.—Si fuera fácil, tu abuelo no me habría mandado aquí —dijo ella, respirando hondo para calmar sus nervios—. Él quiere verme fallar. Voy a decepcionarlo.Bajaron del coche. De inmediato, las miradas de los trabajadores se clavaron en ellos. No eran miradas amables. Eran miradas duras, de hombres cansados que no habían cobrado su sueldo a tiempo en meses.Entraron
Leer más