Capítulo 8: La boca del lobo
El trayecto hacia la finca ancestral de los Valente fue silencioso. Elena miraba por la ventana del deportivo, viendo cómo los rascacielos daban paso a colinas verdes y portones de hierro forjado.
—Recuerda —dijo Damián, rompiendo el silencio mientras giraba el volante—, Vanessa intentará provocarte. Su arma favorita es la lástima falsa. No caigas.
—No te preocupes —respondió Elena, alisándose la falda de su vestido azul marino, conservador pero impecablemente corta