Algo que no se veía muy seguido en la manada, estaba sucediendo, un par de lujosos autos, habían entrado al claro, anunciando la llegada de los padres de Liana.Los lobos más antiguos se enderezaron, los jóvenes bajaron la voz, y los ancianos ocuparon sus lugares con solemnidad, mostrando respeto al linaje que acababa de cruzar el límite del territorio.Liana los vio llegar desde la escalinata de piedra, su padre, el Alfa Aron, caminaba primero, alto, recto, con el porte de un lobo que había aprendido a sobrevivir en la política más que en la guerra. Su madre, la luna Vera, avanzaba a su lado, impecable, con el rostro sereno y los ojos atentos.Ambos observaron el claro, vieron a lo lejos unas jaulas, los guerreros y luego, observaron a Eros.Liana descendió para recibirlos.—Padre. Madre. — Saludó Liana, dándoles un abrazo medido.En el ambiente, no había emoción desbordada, solo evaluación, parecía un supervisor que aparecía para hacer una auditoría.—Así que este es el n
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