La carpa improvisada estaba vacía, Ares lo supo desde antes de entrar, el olor de Selina seguía ahí, pero débil, las mantas estaban intactas, el lecho frío.El corazón de Ares golpeó fuerte, demasiado fuerte, él no pensó en lógica, no razonó en probabilidades, no evaluó, solo salió corriendo, desesperado, pensando en pérdida.El campamento aún no despertaba, el bosque aún estaba oscuro y respiraba lento, el aire se sentía húmedo. —Selina… — Murmuró Ares al tiempo que corría, más para sí, que para llamarla.Entonces la sintió, no sintió miedo, no sintió peligro, sino su energía y la siguió hasta el amplio río que alimentaba al campamento.Selina estaba descalza dentro del agua en la orilla, serena, con el cabello suelto cayendo por su espalda, el río apenas cubría sus tobillos, la corriente rozaba su piel con suavidad.Ella estaba inclinada hacia adelante mientras que sus manos flotaban sobre la superficie y pequeñas ondulaciones sobre la superficie respondían a su respiración.
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