Selina se despertó sin saber cuánto tiempo había pasado, fue un despertar brusco lento y pesado, como si su cuerpo hubiera decidido volver antes que su mente. El fuego del centro de la aldea ya no ardía con la misma fuerza, mientras que la luz del día que iniciaba, se filtraba entre las chozas con un tono apagado, cercano al anochecer.Ella se estiró, sentándose sobre una piel extendida en el suelo y allí se quedó por un momento, sola, pensativa.Por primera vez desde que había sido capturada, no había manos sujetándola, ni capucha, ni barreras, ni puertas cerradas y aun así, nunca se había sentido tan prisionera.Luego de tomarse un momento, Selina se levantó, camino un poco por el lugar, recorriendo la pequeña aldea, todos la miraban desde la distancia con curiosidad.Ella necesita espacio, necesitaba vivir su dolor, así que se alejó de la aldea, dirigiéndose a un despeñadero que había a un lado de la montaña y se sentó en la orilla para ver salir el sol.El pecho le dolía, n
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