Raquel
La habitación pareció encogerse a nuestro alrededor. Estaba a varios metros de distancia, pero el corazón me golpeaba las costillas como si me estuviera respirando en la nuca.
No podía tenerlo.
Él no me quería.
Esto no era real.
Esto.
No.
Era.
Real.
Me repetí esas palabras una y otra vez, como si la mente pudiera ponerle freno al corazón. Como si existiera alguna posibilidad de domar la sensación que se desbocaba en mi pecho, esa que maullaba y arañaba por a