JULIETAEl aire en mi sala se volvió gélido a pesar de que la calefacción estaba encendida. Estaba de pie, atrapada en un triángulo invisible entre Liam, que me miraba con una posesividad que me quemaba la piel, y Diego, que mantenía una calma profesional demasiado perfecta para ser real.Me sentía ridícula en mi bata de dormir, descalza y con el cabello hecho un desastre, frente a dos hombres que parecían estar midiendo sus fuerzas sobre mi alfombra.—Liam es de la familia, Diego —dije, tratando de suavizar el tono de Liam—. No sé qué habría hecho anoche sin él.—Me imagino —respondió Diego, dejando su maletín sobre la mesa con elegancia—. Es bueno tener amigos... disponibles. Pero ahora que estoy aquí, vamos a ver a ese pequeño.Diego se acercó a Leo y comenzó a revisarlo. Su trato era dulce, experto. Era el hombre que cualquier madre querría cerca: estable, respetado, sin complicaciones. Pero mi mirada seguía escapándose hacia Liam, que se había cruzado de brazos junto a la ventana
Leer más