JULIETA
Desperté con la sensación de un calor desconocido envolviéndome. Por un segundo, el pánico me oprimió el pecho al no recordar dónde estaba, hasta que el aroma a café recién hecho y el sonido de unos dibujos animados a bajo volumen me devolvieron a la realidad.
Me giré lentamente. El lado de la cama donde Liam había pasado la noche estaba vacío, pero la marca de su cabeza en la almohada seguía allí. Me senté de golpe, buscando a Leo.
—¿Leo? —mi voz salió ronca y pastosa.
Caminé hacia la