El aire en la mansión Rossi ya no olía a flores frescas, sino al rancio aroma de la traición contenida. Camila se movía por los pasillos como un fantasma, fingiendo una fragilidad que ya no sentía. Cada vez que Julián la tocaba, ella sentía náuseas, pero se obligaba a sonreír. Había aprendido la lección: en esa casa, la verdad era un arma que debía guardarse para el momento del golpe final.
La Alianza del Despecho (Parte 1)
Mientras Julián estaba en una de las tantas juntas de emergencia que Va