Nueva yoChen no perdió la oportunidad de saborear su victoria.Antes de volver hacia mí, se detuvo frente a Leandro con una sonrisa ladeada, arrogante, de esas que no necesitan palabras para humillar. Se acomodó el saco con parsimonia, como si el mundo entero le perteneciera, e inclinó apenas la cabeza, fingiendo un gesto de cortesía que solo lograba ser más cruel. Su voz sonó baja, controlada, venenosa.—Cuida la mansión, Ricci. Prometo devolverte a Sofía… convertida en algo mucho mejor.No esperó respuesta.Me tomó del brazo con firmeza, posesivo, marcando territorio sin disimulo, y me condujo de regreso al coche como si yo fuera un trofeo recién ganado. Abrió la puerta con una cortesía exagerada, casi teatral, como un rey seguro de su dominio, y me indicó que subiera. Obedecí. No porque quisiera, sino porque sabía que cualquier gesto fuera de lugar podría costar caro.Cuando el auto arrancó, sentí el peso del silencio aplastándome el pecho. Chen se recostó contra el asiento, relaj
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