Te encontre mi bella Luna
El sonido constante de los monitores se filtraba en la habitación como un eco molesto, repetitivo, imposible de ignorar. Cada pitido marcaba un segundo más de vida para Matt Stone… y un segundo más de duda para mí.
La habitación estaba en penumbras. Había ordenado que bajaran la intensidad de las luces, no por comodidad para él, sino por la mía. Verlo así, inmóvil, vulnerable, conectado a máquinas que decidían si su corazón debía seguir latiendo, no era tan satisfactor