El ambiente en el patio era hostil. Martha intentaba ponerse frente a Bella para protegerla pero los aldeanos estaban fuera de sí.— ¡Incluso la cocinera ha permitido esta falta de respeto! — chilló un hombre, apuntando con el dedo a la señora Martha — ¡Nos han dado comida para cerdos!Cuando Sebastian apareció su sola presencia hizo que la gente retrocediera un par de pasos, pero la indignación era tan grande que no se callaron. — ¿A qué se debe este alboroto? — la voz de Sebastian resonó en el aire — Se supone que deberían estar descansando antes de volver al trabajo, sus gritos se escuchan incluso en mi oficina.Bella, con el delantal manchado de sopa y las manos temblorosas, intentó dar un paso al frente.— Sebastian, yo solo quería...— ¡No la escuche, Duque! — la interrumpió bruscamente un campesino — ¡Esta chica nos ha servido sopa de sobras con champiñones triturados como si fuéramos mendigos!— ¡Es un insulto a nuestro trabajo! — gritó otro desde el fondo — ¡Nos quiere alime
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