El hombre lanzó un alarido ronco, un grito de dolor, cuando la arena se le incrustó en los ojos. El ardor fue cegador. Sus manos se apartaron de Sigrid de manera instintiva, llevándose al rostro mientras maldecía entre espasmos.Aprovechando ese segundo de ventaja, ella quedó tendida en el suelo, jadeando con desesperación, aspirando el aire como si cada bocanada fuera la última. Su garganta ardía, su pecho le dolía, pero aun así se obligó a moverse. Con el cuerpo tembloroso, comenzó a arrastrarse, alejándose como pudo, dejando marcas irregulares en la tierra mientras el miedo la empujaba a no detenerse.No esperó a que él se recuperara por completo. Cuando sintió que el aire volvía, aunque fuera a trompicones, el instinto tomó el control. Su cuerpo cambió con rapidez, con los huesos y músculos reacomodándose en una transformación abrupta.En cuestión de segundos, donde antes había una mujer exhausta, ahora se alzaba una loba de pelaje amarronado, grande, fuerte, de proporciones impon
Ler mais