C54: CON ESE ROSTRO NO PUEDES PEDIR NADA.
El hombre la observó unos segundos más y, con un semblante pensativo, añadió en voz baja que la loba aún era joven, que quizá podría resultar útil para algún sujeto con inclinaciones extrañas o, en el mejor de los casos, servir como empleada en la casa de algún lobo adinerado.
Su compañero asintió lentamente, evaluándola con la misma frialdad, como si no se tratara de una persona sino de una mercancía cuya utilidad aún debía definirse.
No perdió el tiempo. Con movimientos bruscos, la sujetaron