C53: TAL VEZ SIRVA PARA ALGO.
El hombre lanzó un alarido ronco, un grito de dolor, cuando la arena se le incrustó en los ojos. El ardor fue cegador. Sus manos se apartaron de Sigrid de manera instintiva, llevándose al rostro mientras maldecía entre espasmos.
Aprovechando ese segundo de ventaja, ella quedó tendida en el suelo, jadeando con desesperación, aspirando el aire como si cada bocanada fuera la última. Su garganta ardía, su pecho le dolía, pero aun así se obligó a moverse. Con el cuerpo tembloroso, comenzó a arrastra